La historia de vida de este arcón comienza en algún lugar de la meseta castellana donde un carpintero ebanista cortó los tablones de pino que iban a conformar su estructura. Los rebajó con una garlopa, en sus extremos cinceló las lengüetas y las ranuras que le iban a servir para ensamblarlos sin emplear clavo alguno, usando la técnica del machihembrado, y talló unos castones decorativos en los laterales y el frente. También añadió una moldura torneada entre las patas para completar la decoración. Los clavos, de forja, solo se usaron en la tapa, más que como fijación como un complemento ornamental. La cerradura de escudo es con toda probabilidad un añadido posterior, porque su aldabón se incrustó en la madera de forma descuidada, afectando la decoración pintada en la tapa.
El mueble viajó en carro o en tren hasta la ciudad portuaria donde se embarcó en la bodega de un barco hasta la isla de La Palma para formar parte del ajuar doméstico de una de las familias lugareñas. Más tarde, en 2003, es adquirido por el museo de Historia y Antropología de Tenerife para que pasará a formar parte de sus colecciones.
Este es un mueble singular, pues no se asemeja a las cajas o arcones tradicionales canarios introducidos durante la conquista y que se usaron como baúles de viaje en los barcos o, ya bien entrados en el siglo XX, para guardar el ajuar doméstico de muchos hogares.
Con todo, lo más singular que tiene este arcón es la ornamentación pintada que presenta en su exterior, un enramado de flores, y en el interior de la tapa donde se pintaron tres medallones. En el del centro se escribió: Recuerdo de la boda de Amelia del Rosal con Fernando de Betancort, La Palma 1797 y un poema supuestamente compuesto por el novio en homenaje a su prometida Amelia. En los dos medallones colindantes se pintó una imagen del drago de Icod y una de las estribaciones del Teide.
Y es aquí donde surge el misterio. Primero, la factura y el estado de conservación del mueble no parecen remontarse tan atrás en el tiempo, a más de 200 años. Segundo, en la investigación hecha en el Archivo Diocesano no se halló referencia alguna a la boda de Amelia del Rosal con Fernando Betancor. ¿Quiénes eran estas personas? ¿existieron realmente? ¿llegaron a casarse en la isla de La Palma o en alguna otra isla del archipiélago? ¿formó el arcón parte del ajuar de la novia? Por último, las imágenes del drago de Icod y del Teide se corresponden con imágenes que aparecen en postales de la isla de Tenerife con posterioridad a 1931. ¿Por qué se pinta este recordatorio de una supuesta boda de finales del siglo XVIII casi un siglo y medio después? ¿Se quería rememorar la historia de amor de algún pariente o se trató de un simple recurso decorativo para rehabilitar el arcón? Quizás nunca podremos responder a estas preguntas. «Si los muebles hablaran…»