Museo de Historia y Antropología de Tenerife
Publicado el 29/04/2020

Artículo de divulgación: «Viaja al centro del universo mexica con las actividades para niños y niñas del Museo del Templo Mayor (Ciudad de México)», por Viviana Pérez Cruz

El Museo de Historia y Antropología de Tenerife (MHA) busca compartir contigo las actividades que los museos de otras localidades del mundo le están ofreciendo a los cibernautas durante la fase de confinamiento. En esta ocasión, queremos que conozcas la propuesta didáctica que el Museo de la Zona Arqueológica del Templo Mayor de la Ciudad de México ha creado especialmente para el público infantil. Te invitamos a que leas este pequeño cuento y viajes al centro del universo mexica en compañía de los niños y niñas. Diviértete poniéndole tu sello artístico a las deidades prehispánicas y descubre más sobre la zona arqueológica del Templo Mayor con el vídeo que hemos preparado para ti y los enlaces de descarga que podrás encontrar al final de este artículo.

Imagina que al abrir la puerta de tu habitación encuentras una máquina que tiene el poder de teletransportarte. Con mucho cuidado, te paras justo delante de ella para mirarla de cerca. Es realmente extraña, no se parece a nada que hayas visto antes. Tiene la forma de un cubo gigante y en su interior espejos de cristales de colores que dibujan figuras cósmicas, como las de un caleidoscopio. De repente, aparece una que brilla más que ninguna otra y que, además, tiene forma de luna con mejillas de cascabeles. Su belleza es tan asombrosa e inexplicable que decides tocarla, como si presionaras la pantalla del móvil. Al hacerlo, tus pies se desprenden del suelo y una fuerza luminosa te empuja hacia el interior de un torbellino con aroma a tarde de lluvia.

Tú no lo sabes, pero estás viajando muy lejos de casa, exactamente, a 8,424,72 kilómetros de distancia. Cuando el torbellino te suelta, descubres que has llegado a otra época y por lo que observas, incluso, a otro mundo completamente distinto. Estás en América, en la gran ciudad de México Tenochtitlán, hace más de 500 años atrás. Sientes que estás flotando como si estuvieras en un barco, pero ¿cómo es eso posible? Bajas la vista y descubres que la ciudad flota sobre un lago de aguas cristalinas en las que nadan ajolotes, pequeños anfibios rosas de cara sonriente y orejas de dragón. En esta tierra habitan animales mágicos que tienen el poder de comunicarse con los dioses y son venerados por los mexicas, el pueblo que gobernó el centro de México hasta que llegaron los españoles y destruyeron su imperio.

Los niños, los ancianos, las mujeres y los guerreros águila, todos aquí, hablan náhuatl, una lengua que no comprendes, llena de palabras que suenan a “sh” (como meshicas; si, aunque se escriba con “x”) y terminan en “tl” (prueba a pronunciarlo poniendo la lengua detrás de tus dientes superiores). Un colibrí de plumas verdes como el jade, revolotea sobre tu cabeza y te guía con dirección al Templo Mayor, el centro ceremonial más importante para los mexicas. ¿Sabías que el espíritu de los guerreros mexicas volvía al mundo de los vivos en forma de colibrí?

Ahí te encuentras con un misterioso perrito de color negro que no tiene pelo y que sabe que estás pensando: “pero, qué perro tan raro”. Sin importar lo que opines de él, Xólotl te acompaña a dar un paseo por el Templo y te cuenta que eres muy afortunado porque el prisma lunar que tocaste te teletransportó a la casa de Coyolxauhqui, la diosa de la luna. ¿A que nunca te imaginaste estar parado en el mismísimo centro del universo, cierto? En el interior de una de las pirámides del Templo Mayor también habita Tláloc, el dios de la Lluvia (claro, ahora sabes quién te acompañó en el torbellino…). La belleza de Tláloc es única, tiene dos serpientes entrelazadas que rodean sus ojos, nariz y boca, y porta una corona formada por pequeñas montañas que tienen el poder de hacer brotar el agua que baña a la tierra y da vida al millo.

Después de visitar su maravillosa residencia y beber un refrescante vaso de agua de limón, Xólotl mueve su cola, corre veloz y te lleva hasta las puertas del inframundo para presentarte a su amiga Tlaltecuhtli; aunque al verla quizá hubieses preferido que no lo hiciera. (Vamos, de nuevo estás juzgando a alguien sólo por su apariencia, date la oportunidad de conocerla). A pesar de ser monstruosa, tener garras de ave y llevar una falda de calaveras (cráneos), Tlaltecuhtli es la diosa de la tierra y gracias a sus frutos nace la semilla de la vida. Es cierto que a veces se enoja y salta tanto que su furia hace temblar los montes y escupir fuego a los volcanes. Por eso, los mexicas le ofrendaban a ella y al resto de sus dioses los corazones de los guerreros más valerosos, así como los cráneos de cientos de prisioneros de guerra, colocándolos en grandes torres rectangulares a las que llamaban tzompantli; justo como el altar tallado en piedra que tienes delante de ti.

Puede que eso te sorprenda y hasta te asuste, pero también piensas: “Qué bueno cuidar y respetar a los señores del agua, la tierra y la naturaleza, entiendo que los mexicas creían que de esa manera podían agradecerle todas sus bondades. ¡Si la tierra se contenta porque cuidamos de ella entonces nosotros también estaremos sanos y felices!” Tu viaje a través del tiempo y el espacio termina en la cima de la pirámide de Huitzilopochtli, el dios del sol, que con su serpiente de fuego te lanza un luminoso rayo que te lleva directo de vuelta a tu cuarto.

Al día siguiente, la máquina ya no está, pero en su lugar aparece un mensaje. Es una carta que el perrito Xólotl ha escrito para ti y dice así:

“Los dioses mexicas se alegran de que los hayas visitado, viajar desde Tenerife hasta México puede ser agotador. Envían saludos y recuerdos para Chaxiraxi y los demás dioses guanches. También, te agradecen por ser tan valiente y quedarte en casa (por cierto, me contaron que el caos va a terminar pronto, así que no te preocupes). Y, antes de despedirse, te piden que te diviertas aprendiendo de su legado con las actividades que puedes descargar en las redes sociales del Museo y Zona Arqueológica del Templo Mayor. Juega a encontrar a los animales que los mexicas respetaron e investiga por qué muchos de ellos están en peligro de extinción. Pon guapa a Coyolxauhqui. Recorta y arma todas las piezas de Tlaltecuhtli. Pinta la mandala de Tláloc para decorar tu casa. Ah, y lo más importante: ¡echa a volar tu imaginación! Hasta pronto”.   


Instagram: #museodeltemplomayor

Facebook: Museo y Zona Arqueológica del Templo Mayor

Enlaces directos para descargar el material didáctico:

Juego Fauna: https://n9.cl/g98o

Dibujo Coyolxauhqui: https://n9.cl/mnan

Mandala Tláloc: https://n9.cl/bj2a

Armable Tlaltecuhtli: https://n9.cl/sobk

Foto 1: Tzompantli, altar tallado en piedra en la zona arqueológica del Templo Mayor. Foto: Haupt & Binder.

Foto 2: Vista del Templo Mayor y, al fondo, la Catedral Metropolitana de la Ciudad de México.

Foto: CDMX.com

Foto 3: Museo del Templo Mayor; al centro el monolito de Tlaltecuhtli, diosa mexica de la tierra.

Foto: INAH

Viviana Pérez Cruz es gestora cultural y estudiante en prácticas en el Museo de Historia y Antropología de Tenerife.

Estudiante del Master de Uso y Gestión del Patrimonio, ULL, Becaria de la Fundación Carolina 2019-2020

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