Historia

El Museo de la Ciencia y el Cosmos se singulariza por un claro sesgo astronómico ya desde su propia creación, en 1993, y reflejado en su propio nombre, aunque también se ocupa de otras ciencias. El Museo fue promovido por el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en colaboración con el Cabildo de Tenerife, que lo gestiona a través de Museos de Tenerife.

Las coordenadas de los “Montes Tenerife” en la superficie de la Luna aparecen pintadas en la gran antena del radiotelescopio que corona la plaza del Museo, el icono que mejor lo identifica por su impacto visual a gran distancia. Estos accidentes orográficos en nuestro satélite natural fueron así bautizados en memoria del escocés Charles Piazzi Smyth, el primer astrónomo que observó el Universo desde las cumbres de Tenerife, en 1856, demostrando las ventajas astronómicas de la alta montaña para mirar al cielo. El Museo, bajo la dirección del astrofísico del IAC Ignacio García de la Rosa, fue inaugurado el 11 de mayo de 1993 por el astronauta ruso Sergei Krikalev, tras su permanencia de más de trescientos días en la estación espacial Mir. Posteriormente, el 6 de julio de ese año, el Museo recibió la visita de S.A.R. el Príncipe de Asturias, que en varias ocasiones ha expresado su gran afición a la Astronomía.

También se le dio un sentido cósmico al edificio que alberga el Museo de la Ciencia y el Cosmos, obra de los arquitectos Jordi Garcés y Enric Sòria, con un diseño museográfico de Enric Franch. Situado en un recinto próximo a la sede central del IAC, en La Laguna, tiene forma de media estrella con puntas visto en planta. En su terraza, equipada como observatorio astronómico, acompañan a la gran antena otros dos instrumentos astronómicos: un pequeño telescopio y un reloj solar.

Una gran parte de la oferta del Museo de la Ciencia y el Cosmos está relacionada con el Universo en su conjunto. Su exposición permanente, de fabricación “casera” y en continua renovación, intentando la adaptación a colectivos con discapacidad, incluye módulos que invitan a hacer un safari cósmico y que explican los movimientos de rotación y traslación de la Tierra, las manchas solares y el campo magnético en el Sol, o las órbitas en las proximidades de un agujero negro. El Museo dispone, además, de una sala de Astronomía, con maquetas del Gran Telescopio CANARIAS y de los Observatorios del Teide y del Roque de los Muchachos. Para entender lo que es “la pesadilla del astrónomo”, un módulo explica el efecto negativo de las turbulencias atmosféricas en las imágenes que se obtienen con los telescopios, mientras otro advierte contra la contaminación lumínica, que nos está robando la luz de las estrellas. Afortunadamente, la Ley del Cielo de 1988 protege los Observatorios de Canarias frente a este peligro potencial, como se recuerda en los paneles explicativos del Museo.

Además de facilitar el contacto con las diferentes disciplinas científicas a través de los experimentos y sus contenidos, una tarea fundamental del Museo es dar a conocer también las investigaciones y últimos avances científicos, manteniendo un diálogo vivo y permanente con la sociedad. Por ello, la habitual oferta cultural que el Museo brinda incluye charlas en su salón de actos, exposiciones monográficas, noches y acampadas astronómicas y cumpleaños con las estrellas, entre otras actividades.

Junto a temas astronómicos, todas las ciencias tienen cabida en este museo, desde materias relacionadas con los órganos del cuerpo humano hasta cuestiones tecnológicas que explican, por ejemplo, el funcionamiento básico de la palanca o la composición de un teléfono móvil.

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